miércoles, 17 de marzo de 2010

A Gerardo, alguien a quien conocí y hoy marchó. Una leyenda


Te fuiste,en un día como los que tanto te gustaron,como los que tanto añoraste cuando trabajabas en aquella fábrica de papel, donde decías que nunca llegaba el sol...

Hoy,la primavera,está primavera que aún no es, es la tú contemplarás desde otros ojos y desde otra mirada, se anticipaba al invierno para brindarte la despedida que tu mereces. Hoy en mi paseo solitario por el lugar que te vio nacer, vi los pequeños brotes verdes de los árboles y las primeras flores desperezadas de su largo letargo invernal asomarse para susurrarte: " Hola, amigo"...

Hoy el sol joven brillaba en lo alto, no hacía frío, tan sólo una leve brisa del sur, ese sur que tanto anhelabas en tus inviernos que te traían gratos momentos y recuerdos de las vacaciones pasadas, allí en el sur... el mismo sur, siempre el sur...

Ese sur al que el navío dorado que te espera en las puertas del cielo, te llevará, en tu último viaje, tu partida, surcarás un mar tranquilo muy lejano a nuestros ojos y a nuestra mente, muy parecido al que hoy contemple: tranquilo, sin olas, tan paciente,tan azul, tan inmenso, tal y como tú fuiste... Porque fuiste un alma inmensa, alguien para quienes tuvimos el gran placer de conocerte no olvidaremos y perdurará...

De tí me llevó grandes obras y regalos tales como tu ejemplo, tu sencillez, tu fuerza, tu imagen, tu grandeza, tu dulzura, tu sinceridad, tu sonrisa y todo lo que fuiste tú. Por siempre jamás tu siempre serás...

Ahora sentimos y sentiremos por un tiempo pena infinita porque tu ausencia nos acompaña,pero en esos momentos siempre recordaré y reviviré tus palabras, unas que me dijiste en un momento en que una herida en el corazón me atormentaba y me cegaba, "Detrás de la lluvía y de las nubes, siempre esta el sol, saldrá y con él saldrá el sol y el arcoiris...

Me reconforta saber que tras el arcoiris estarás tú saludando, esperando sonriendo. Como siempre, "Ahí estas tú". Como en todos los días de este mundo que te vieron y que fueron para que tu fueses y nosotros compartimos contigo momentos, risas, noches, fiestas,cines, comidas, cenas, alegrías, música, bailes, tristezas, inquietudes...

Siempre tú.

viernes, 12 de marzo de 2010

El camino Miguel Delibes- Fragmento



El valle... Aquel valle significaba mucho para Daniel, el Mochuelo. Bien mirado, significaba todo para él. En el valle había nacido y, en once años, jamás franqueó la cadena de altas montañas que lo circuían. Ni experimentó la necesidad de hacerlo siquiera.
A veces, Daniel, el Mochuelo, pensaba que su padre, y el cura, y el maestro, tenían razón, que su valle era como una gran olla independiente, absolutamente aislada del exterior. Y, sin embargo, no era así; el valle tenía su cordón umbilical, un doble cordón umbilical, mejor dicho, que le vitalizaba al mismo tiempo que le maleaba: la vía férrea y la carretera. Ambas vías atravesaban el valle de sur a norte, provenían de la parda y reseca llanura de Castilla y buscaban la llanura azul del mar. Constituían, pues, el enlace de dos inmensos mundos contrapuestos.
En su trayecto por el valle, la vía, la carretera y el río —que se unía a ellas después de lanzarse en un frenesí de rápidos y torrentes desde lo alto del Pico Rando— se entrecruzaban una y mil veces, creando una inquieta topografía de puentes, túneles, pasos a nivel y viaductos.
En primavera y verano, Roque, el Moñigo, y Daniel, el Mochuelo, solían sentarse, al caer la tarde, en cualquier leve prominencia y desde allí contemplaban, agobiados por una unción casi religiosa, la lánguida e ininterrumpida vitalidad del valle.

domingo, 14 de febrero de 2010

El poema que lee Isolda a Tristán


en tus ojos, mi rostro
en los mios, el tuyo
en el rostro descansan los corazones fieles
¿dónde podriamos encontrar dos mejores hemisferios
sin un Norte definido,
sin un Occidente declinante?
aquello que muere no estaba mezclado con igualdad,
si nuestros corazones son uno
o nuestro amor semejante
ninguno desfallecerá
ninguno morirá...

jueves, 11 de febrero de 2010


La Dama Isabel y el Caballero Elfo.


La Dama Isabel bordaba sentada en su alcoba,
Mientras los mancebos la rodeaban alegres.
Entonces ella escuchó que un Caballero Elfo
Soplaba su cuerno estremeciendo el cielo.
Era la primera semana de mayo.

Si tuviese aquel cuerno, ella dijo, Que oigo temblar,
Al Caballero Elfo que lo toca en mi seno le dejaría reposar...

La Dama dijo las palabras en un suspiro,
Y el Caballero Elfo en la ventana fue visto.

Es un asunto extraño, dulce doncella; dijo el Elfo.
Apenas he tocado mi cuerno cuando vuestros labios me convocaron.

¿Vendrá conmigo al Bosque Verde, doncella?
Pues si no lo desea, de todos modos lo hará.

Él salto sobre un corcel, la Dama sobre otro,
Y hacia el Bosque Verde juntos cabalgaron.

Desmonta, Dama Isabel, este es el lugar;
Este es el sitio en donde morirás.

Piedad, amable señor, piedad por esta doncella;
Dejad que a vea a mi padre, y a mi querida madre.

Siete Hijas de Reyes fueron muertas por mí,
Y tu único destino es ser la octava.

Reposa conmigo, caballero, apoya tu cabeza en mi falda,
Permite que descanse antes de vestir mi mortaja.

Se acercó a él y con caricias lo arrulló,
Cautivo de sus encantos, el Elfo se durmió.

Con el cinto de su espada la doncella lo sometió,
Y con su propia daga, herida mortal le dio.

Si Siete Hijas de Reyes por tí fueron muertas,
Yaced aquí, y sed un esposo para ellas.